El contrabando de teléfonos celulares ha sido un problema para el sistema penitenciario de California durante las últimas décadas. Sin embargo, esta tendencia ha caído a un mínimo histórico en el último año, según registros del Departamento de Corrección y Rehabilitación de California ( CDCR).
En el año 2025 se incautaron 420 teléfonos celulares en comparación con los 13.000 confiscados en 2018, aunque el número más alto se registró en 2011 con aproximadamente 15.000 dispositivos. Estas estadísticas reflejan que este había sido un problema para el sistema durante más de una década.
En julio del 2025, CDCR reportó que confiscaron 420 aparatos celulares durante un registro coordinado entre varias instituciones, claramente reflejando esta tendencia de que personas encarceladas ya no recuren a estos dispositivos ilegales.
CDCR, dirigido por sus regulaciones administrativas del Código de Regulaciones de California ( CCR), Título 15§ Sección 3006, el cual indica que está “prohibiendo la posición de contrabando electrónico”.
La posesión de teléfonos celulares dentro de una institución estatal puede conllevar a una infracción administrativa conocida como 115, las consecuencias incluyen la pérdida de créditos hasta de 90 días. Algo que puede extender la fecha de libertad de los ofensores.
De acuerdo al Sr. Edgar Contreras, de 36 años, uno recluso de SQ, quien comentó que fue sorprendido en varias ocasiones con teléfonos celulares, durante sus nueve años de encarcelamiento, ha recibido tres infracciones por posesión de teléfonos celulares.
“Era adicto a la tecnología, y eso fue lo que me metió en problemas”, manifestó Contreras.
De acuerdo con el CDCR, los teléfonos móviles de contrabando representan una grave amenaza significativa para la seguridad penitenciaria, así como para la integridad del personal y los reclusos.
Pueden facilitar actividades delictivas como la coordinación de asesinatos por encargo, la intimidación de testigos y la continuación de actividades delictivas dentro de las prisiones.
Según datos del CDCR, entre el 1 de enero de 2019 y el 30 de julio de 2022 se incautaron un total de 31,645 teléfonos móviles, con el pico más alto de incautaciones en ano 2019 con un total de 10,494 unidades.
En el ano 2022, los datos indicaron un descenso de incautaciones de hasta 3,490 dispositivos. Si bien el problema persiste, los decomisos están teniendo una tendencia a la baja.
El departamento utiliza varios métodos para combatir la entrada de dispositivos por contrabando, entre estos métodos se hacen registros de celdas con perros adiestrados, rastreo de correo y vigilancia por video, todo esto con el objetivo de impedir su entrada en la prison.
Para el CDCR, los teléfonos móviles de contrabando representan una grave amenaza significativa para la seguridad penitenciaria, así como para la integridad del personal y los reclusos.
Contreras describe su principal motivo para tener un teléfono de contrabando y que su único uso era para mantenerse en contacto con su familia, pero él también reconoce que las cosas han cambiado desde que tiene una tableta proveída por el departamento.
“Si me dan una tableta que me permite hacer llamadas gratis sin límite de tiempo, enviar y recibir mensajes de texto y realizar videollamadas, ¿por qué iba a usar un teléfono ilegal?” añadió Contreras. Ahora en día, reconoce el valor positivo en mantener los lazos familiares con este nuevo sistema.
Securus es el nuevo sistema de telecomunicaciones para los reclusos y sus seres queridos, que puede mantenerse en contacto con su familia, hablar desde su celda cuando lo necesite, al igual que tienen la posibilidad de enviar y recibir mensajes electrónicos, realizar videollamadas por medio de sus aplicaciones.
English translation by Google Translate
The smuggling of cell phones has been a problem for the California prison system for the last few decades. However, this trend has fallen to an all-time low over the past year, according to records from the California Department of Corrections and Rehabilitation (CDCR).
In 2025, 420 cell phones were seized, compared to the 13,000 confiscated in 2018—though the highest number was recorded in 2011, with approximately 15,000 devices. These statistics reflect the fact that this had been an issue for the system for more than a decade.
In July 2025, the CDCR reported the seizure of 420 cell phones during a coordinated search across several institutions, clearly illustrating a trend in which incarcerated individuals are no longer resorting to these illegal devices.
The CDCR operates under administrative regulations found in Title 15, Section 3006 of the California Code of Regulations (CCR), which prohibits the possession of electronic contraband.
Possession of a cell phone within a state institution can lead to an administrative infraction—known as a “115”—which may result in the loss of up to 90 days of sentence-reduction credits, potentially extending an offender’s release date.
Edgar Contreras, a 36-year-old inmate at San Quentin (SQ), noted that he was caught with cell phones on several occasions during his nine years of incarceration, receiving three separate infractions for such possession.
“I was addicted to technology, and that’s what got me into trouble,” Contreras stated.
According to the CDCR, smuggled cell phones pose a significant threat to prison security, as well as to the safety of both staff and incarcerated individuals. They can facilitate criminal activities, such as coordinating contract killings, intimidating witnesses, and continuing criminal operations from within prisons.
According to CDCR data, a total of 31,645 mobile phones were seized between January 1, 2019, and July 30, 2022, with the highest number of seizures occurring in 2019, totaling 10,494 units.
In 2022, data showed a decrease in seizures to 3,490 devices. While the problem persists, the number of confiscated items is trending downward.
The department employs various methods to combat the smuggling of these devices, including cell searches with trained dogs, mail screening, and video surveillance—all aimed at preventing them from entering the prison.
For the CDCR, smuggled mobile phones pose a serious threat to prison security, as well as to the safety of staff and inmates.
Contreras explains that his primary reason for having a contraband phone was simply to stay in touch with his family; however, he acknowledges that things have changed since he received a department-issued tablet.
“If I’m given a tablet that allows me to make free, unlimited-time calls, send and receive text messages, and make video calls, why would I use an illegal phone?” Contreras added. He now recognizes the positive value of maintaining family ties through this new system.
Securus is the new telecommunications system for inmates and their loved ones, allowing them to stay in contact with their families, speak from their cells whenever necessary, and send and receive electronic messages or make video calls via its applications.